A lo largo de mi ya larga carrera profesional, (llevo entre rulos, champús, tijeras, y secadores desde que tengo uso de razón ya que mis padres eran peluqueros, y ya tengo sesenta y un años) he tenido que dominar todas las facetas de mi oficio, de hecho he adquirido buena fama en la ciudad en donde ejerzo de ser un profesional completo y fiable, al que buscan tanto en lo técnico como en lo artístico. Pero lo que ha hecho que yo eligiera esta profesión y no otra es mi pasión por el corte de pelo.
Con los años, como ya digo, he ido evolucionando mi técnica de corte hasta llegar al punto en que me encuentro. Al principio el aspecto técnico, su geometría, y su proceso requerían todo mi esfuerzo. Adquirir la habilidad del gesto, la destreza y la precisión eran el reto a conseguir. Después la elección apropiada de cada técnica implicó un conocimiento tanto de la armonía de las facciones como de la calidad y textura del cabello a cortar. Encajar todos los detalles con la moda vigente y acertar, ( he observado infinidad de veces cortes perfectamente realizados en personas inadecuadas para ellos, ya sea por físico como por la calidad de sus cabellos).
Ahora mi etapa está en peinar con las tijeras. Conseguir que prácticamente el cliente no necesite peinarse después del corte ya que este consigue los volúmenes y movimientos adecuados. Fluir naturalmente con la personalidad del cabello para realzar sus virtudes y allanar sus defectos. Cortar para que el despeinado sea estiloso, y para que el tiempo corra a favor del corte y no en su contra.
Por eso soy peluquero principalmente, y día a día intento trasmitirlo a mi hija y sucesora, como a mi equipo. Todo un reto que ya es forma de vida.

